Desde el momento en que nacemos, se nos presentan nuevas necesidades que no nos abandonarán durante el resto de nuestra vida. Una de ellas es la alimentación.
Para vivir necesitamos comer:
- Durante el primer año de vida, prácticamente nos alimentamos con leche que será en principio nuestro único alimento.
- Posteriormente, iremos disminuyéndolo e introduciendo otros tipos de alimentos pasando a lo que denominamos alimentación complementaria.
La lactancia es el
período de tiempo durante el cual, la alimentación del bebé se desarrolla exclusivamente con leche, y se corresponde con los 6 primeros meses de vida.
Para una lactancia exitosa debe existir una actitud positiva, por parte de la madre, del padre y del entorno familiar.
Antes de decidirse por un tipo u otro de alimentación para su bebé, procure optar por la lactancia materna: suministra energía, protege de infecciones y reacciones alérgicas, creando un vínculo afectivo muy particular entre madre e hijo que da una sensación de seguridad a los bebés.
Hoy en día sabemos que las leches de los diferentes mamíferos tienen distintas proporciones de grasa, agua y proteínas, y determinan básicamente el ritmo de la lactancia.
La leche humana es pobre en grasa y proteínas, lo que obliga a que el amamantamiento en la primera etapa de la vida deba ser continuo.
La observación fisiológica del pecho de la madre ha permitido confirmar, a su vez, que también se produce expulsión de leche cada 30-60 minutos, en concordancia con las necesidades de la criatura.
Por lo tanto, la adopción de regímenes de lactancia regulares cada 3-4 horas son claramente inadecuados y dificultan dicha secreción.
Por otra parte, la sensibilidad de la mama y el dolor del pezón disminuyen significativamente en directa proporción al número de veces que se coloque en el pecho al recién nacido, y esta técnica de amamantamiento permite además que el niño se adapte mejor a su ritmo de descanso.
El recién nacido se coloca al pecho desde el momento del nacimiento, procurando que su boca abarque no solo el pezón sino toda la
areola mamárea.
Con la lengua aplasta la punta del pecho contra su paladar y este efecto, unido a la succión y a la eyección provocada por una estimulación hormonal (oxitocina), que origina la contracción de los conductos galactóforos, hace que fluya la leche con facilidad y el niño no se fatigue.