Puede deberse bien a la preocupación acerca del bebé o bien a problemas físicos:
- la necesidad de expulsar orina más a menudo,
- los ardores durante el embarazo,
- las patadas del niño
- o la simple dificultad de ponerse cómoda.
La ansiedad por la pérdida de sueño, hace aún más dificil quedar dormida y, por lo tanto, se produce un círculo vicioso.
Antes de ir a la cama haga alguno de los ejercicios de relajación que haya aprendido en sus clases prenatales.
Durante las últimas fases del embarazo, cuando el niño puede presionar un nervio, a veces resulta útil echarse de lado con una almohada colocada por debajo de las rodillas o las caderas.
Si nada de esto sirve, acepte que va a tener una noche desvelada y no se preocupe. Tenga a mano lectura variada o haga trabajos caseros durante las horas de vigilia.
Trate de recobrar algo del sueño perdido en otro momento, cuando empiece a sentirse cansada.
Si, a pesar de seguir estos consejos, está alarmada porque echa de menos algo de su sueño normal, no tome ninguna medicación, sino vaya a ver al GINECÓLOGO.
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