El
shock Es un estado
clínico muy grave, evolutivo, y que en sus inicios, puede prevenirse.
Se origina por un fallo en el sistema cardiopulmonar, por el que el organismo no recibe sangre, elemento necesario para mantener a las células con vida.
En cualquiera de las tres situaciones anteriormente mencionadas, se dañan rápidamente:
- el cerebro,
- el corazón,
- los pulmones y
- los riñones,
originando fallos orgánicos que desencadenan la muerte del paciente.
1.- Aplicar la conducta P.A.S. (proteger, alertar y socorrer)
2.- Solicitar una ambulancia
3.- Cohibir la hemorragia
4.- Mientras que el recurso llega, permeabilizar la vía aérea y ventilar artificialmente (en caso de que sea necesario)
5.- Elevar las piernas del paciente uno 20 o 30 centímetros (siempre que no haya fracturas), para que disminuyendo el flujo sanguíneo en las extremidades inferiores consigamos una mayor oxigenación del cerebro.
6.- Evitar la pérdida de calor
El
Shock origina daños a los tejidos por una falta de
oxígeno y el exceso de productos de desecho. Una situación de hipoperfusión puede estar motivada por varias causas:
- porque el corazón no sea capaz de bombear adecuadamente, lo que provocaría un shock cardiogénico;
- porque no haya suficiente volumen sanguíneo, lo que originará un shock hipovolémico;
- porque haya alteraciones en el sistema de circulación de la sangre, dando lugar a un shock distributivo.